Diferencia entre exilio y migración

 Un tema de actualidad es la persona refugiada que va a un país de acogida por algunos motivos. Estos, de forma resumida, pueden ser políticos o económicos. Según la causa podemos definir el tipo de desplazamiento que ejerce la persona. 

Alicia Alted en su obra «La voz de los vencidos» muestra como Aristide R. Zolberg señala “porque la multitud de motivos que han llevado a las poblaciones a lo largo de la historia a aventurarse fuera de su patria se reduce en definitiva a dos causas principales: la necesidad económica y la necesidad de seguridad.

Tras esta definición, la autora destaca la similitud que tienen los conceptos exilio y migración en su punto de partida ya que en ambos una persona o un colectivo humano se ven obligados a abandonar su tierra natal

A medida que continuamos con la lectura de Alted, con total acierto afirma que el exiliado se expatria para escapar de una persecución por quien ejerce el poder, debido a sus opiniones o actividades política o religiosas. Además, el retorno al país de origen implica graves riesgos personales o simplemente no puede volver porque está en juego su propia vida Así, entendemos el exilio como un movimiento migratorio obligado siendo la consecuencia principal una causa política.


Por otro lado, siguiendo autores clásicos como Joaquín Arango quien a lo largo de sus publicaciones hace un estudio de la evolución del concepto de migración llega a la conclusión de poder diferenciar factores negativos y positivos:

  • La distancia. Es un factor negativo basándose en otros autores como Georges K. Zipf defiende que la migración es proporcional a la población, pero no a la distancia. Tiene sus propios subapartados como los obstáculos físicos o fronterizos. 

  • Las decisiones del emigrante son subjetivas. Hay que tener en cuenta sus percepciones de ventaja y desventaja a lo que se espera encontrar en su lugar de destino. Un factor que sigue defendiéndose desde la Teoría Neoclásica. 

  • Factores culturales y psicológicos

  • Otro, la regionalidad de las migraciones. Un emigrante acudirá a aquel centro de atracción, normalmente más desarrollado, que sea más accesible y que no tenga que tener la distancia, ya no por los factores físicos sino en mayor parte por su coste. 

Entre España y México

 “El exiliado, el sin patria, es en todas partes un huésped indeseable que tiene que hacerse perdonar, a fuerza de humildad y servidumbre, su existencia"

Manuel Chaves Nogales, A sangre y fuego (1937)


Sensi Falán, "Entre España y México", exilio español en México.

Un poco de contexto...

La Guerra Civil española (1936-1939) es la tragedia militar provocada por la sublevación militar apoyada por la Alemania nazi y la Italia fascista de Mussolini que trajo consigo dos consecuencias principales: la represión de aquellas personas contrarias al bando ganador, siendo uno de sus verdugos la Ley de Responsabilidades Políticas del 9 de febrero de 1939 que acababa con la vida de estas personas o bien con la incautación de sus bienes; y el exilio del pueblo español en busca de asilo.

El exilio español, fue un desplazamiento migratorio obligado de personas como consecuencia de un acontecimiento político, en este caso la guerra. Este produce un desequilibrio social, económico y político en toda la geografía de la Península Ibérica, siendo su principal efecto un flujo migratorio interior y exterior de un sector de a población formado por miles y miles de personas, hoy todavía no contabilizado con seguridad. Personas de todas las edades, profesiones y lugares de la geografía española. Asimismo, estas personas reúnen dos características: el miedo por el peligro que corren su vidas si se quedan en España y ser de una ideología contraria al bando sublevado, mayoritariamente de izquierdas y republicana.

En el barco Sinaia, que transportaba a los exiliados republicanos hacia México, durante las noches se celebraban tertulias y conferencias secretas. En este contexto, camino hacia el país de acogida, Pedro Garfías escribió en 1939 el poema titulado Entre España y México, musicalizado por Sensi Falán.

 

Así, siguiendo con el análisis establecido por Charles Morris en la teoría de los signos, vamos a analizar el contenido del texto. 

Estribillo: Qué hilo tan fino, qué delgado junco -de acero fiel- nos une y nos separa con España presente en el recuerdo, con México presente en la esperanza. 

Repite el mar sus cóncavos azules, repite el cielo sus tranquilas aguas y entre el cielo y el mar se ensayan vuelos de análoga ambición, nuestras miradas.

Aquí describe las personas que van en el barco. No es solo un grupo homogéneo de personas que pueda resumirse en el exilio republicano, sino también aquellas mujeres que por ser “familia de” tuvieron que embarcarse o, simplemente, lo que conocemos como fuga de cerebros, el exilio cultural español.

Con México presente en la esperanza, como otro tiempo por la mar salada. España que perdimos, no nos pierdas, guárdanos en tu frente derrumbada, conserva a tu costado el hueco vivo de nuestra ausencia amarga.

Con México como país de acogida, un lugar desconocido, pero seguro de destino, juega con el otro lugar desconocido que es el mar sobre el que van navegando; España no se les olvida, hacen un alegato a la memoria, ahora amarga por el hueco o vacío que dejan los españoles sobre el Sinaia.

Que un día volveremos, más veloces, sobre la densa y poderosa espalda de este mar, con los brazos ondeantes y el latido del mar en la garganta.

Siempre se tuvo la esperanza de retornar al país de origen, pero el miedo, ese latido del mar en la garganta, también perduraba en el mismo sentimiento de querer volver. Asustados, no pierden la doble esperanza: la que les espera al otro lado del océano y la de recuperar España. Además, esto tiene que ver con la participación de las Brigadas Internacionales, donde depositaron su esperanza para recuperar la democracia. Es importante la esfera internacional del conflicto y, el deseo de la participación de potencias democráticas como Francia e Reino Unido para unirse contra el fascismo.

Estribillo: Qué hilo tan fino, qué delgado junco -de acero fiel- nos une y nos separa con España presente en el recuerdo, con México presente en la esperanza.

Y tú, México libre, pueblo abierto al ágil viento y a la luz del alba, te va un río español de sangre roja, de generosa sangre desbordada.

Se muestra México, el de Lázaro Cárdenas, como una sociedad que acoge al español, abierta, con luz para seguir desarrollando sus vidas; una riada de personas, con una ideología clara, abierta, republicana, de izquierdas, defensora de la democracia, que llegaba a México de forma desbordada, y con un latir generoso, es decir, personas vivas, luchadoras, trabajadoras, etc.

Al ágil viento y a la luz del alba, como otro tiempo por la mar salada.

España que perdimos, no nos pierdas, guárdanos en tu frente derrumbada, conserva a tu costado el hueco vivo de nuestra ausencia amarga.

Que un día volveremos, más veloces, sobre la densa y poderosa espalda de este mar, con los brazos y el latido del mar en la garganta.



El contexto forma parte de la comunicación social. En nuestro análisis, observamos como el mar es el contexto de las personas exiliadas, es decir, ese lugar de fondo o escenario donde se representa la figura del migrante. De alguna manera, se convierte en el canal tanto de transporte como de comunicación. Pedro Garfias no es el único ejemplo, De mar a mar (1946) de María Enciso, escritora almeriense que también tuvo que partir al exilio: 

Tu me dueles, España. Cuando yo te miraba
profunda herida, abierta sobre el mar,
eras la vida que la muerte ansiaba
en las horas sin rumbo, de mi sangre.
 

Centrándonos en la figura de Garfias, creemos que muestra dos miradas de un migrante: la del pasado, la del lugar de origen que deja atrás y la mirada que se dirige al futuro, a la esperanza. Esa esperanza que mencionábamos antes materializada en la unión de España con México, el pasado y el futuro, la unión ente el mar y el cielo.

Algo que no se describe, pero que se puede intuir durante la lectura del poema o desde la canción, es la intimidad emocional en la que se ampara (no olvidemos que escribe desde el Sinaia, un barco abarrotado de personas) para definir el sentimiento de pérdida.

Y, como referenciábamos en líneas atrás, insta a la memoria, no cae en el pesimismo, luchará por volver, más fuertes.

Un poema, una canción, de actualidad. Himnos para la Memoria Histórica y Democrática tan necesaria para la construcción de un relato científico que pueda ayudarnos a comprender los acontecimientos de hoy: exilio de refugiados sirios, palestinos y gazatíes, la xenofobia imperante en los gobiernos europeos, el mar como escenario macabro, impredecible, que lleva a barcos como el Aquarius a que se queden sin rumbo ni destino, la frontera entre México y EE.UU., etc.

Estas entradas de blog son un alegato humanístico para la memoria colectiva. Rompamos las fronteras, defendamos la paz  y sintámonos con la responsabilidad de cuidar a la persona refugiada.

Patria y muerte. Patria y vida

 "No hay dinero en el mundo que pague el sacrificio del que abandona a su Patria, buscando libertad"
Fausto F. Placeres, Nostalgia cubana: poemas de un refugiado que añora ver a su patria libre (2021)

Un poco de contexto…

En abril de 1980 un pequeño grupo de cubanos asaltó la embajada de Perú en Cuba para solicitar asilo político; Perú, a pesar de la negativa de Cuba, otorgó a estos asaltantes dicha protección. Este incidente diplomático entre Perú y Cuba marcó el inicio del éxodo del Mariel, uno de los más grandes movimientos migratorios del siglo XX. Durante casi seis meses, más de 125.000 cubanos utilizaron el puerto del Mariel para cruzar las aguas que separan Cuba de Estados Unidos y así llegar a las costas estadounidenses. El principal destino fue Miami.

 Año 1980: Los marielitos llegan a Miami.

Para Estados Unidos, el éxodo del Mariel supuso un desafío significativo en términos de política migratoria: en un inicio, el presidente Jimmy Carter acogió a los “marielitos”, término con el que se empezó a conocer a los inmigrantes del Mariel, y les concedió la condición de refugiados; no obstante, seis meses después, Carter cerró sus fronteras por la repercusión negativa que la llegada masiva de migrantes estaba teniendo en su política doméstica. Para Cuba, el éxodo se tradujo no solo en la pérdida de una parte significativa de su población, sino que se evidenció el descontento popular con el régimen de Fidel Castro.

Varios de los marielitos eran intelectuales, personas que huyeron al exilio deseosos, no solo de libertad, sino de la posibilidad de ejercer su creación artística sin ningún tipo de censura, como Reinaldo Arenas (novelista y dramaturgo), Carlos Alfonzo (pintor), Roberto Valera (poesía), Ricardo Eddy Martínez (artista musical), entre otros. 

En nuestro país destaca Yotuel, integrante del grupo Orishas, quien utiliza su voz y su música para denunciar la situación que a día de hoy siguen viviendo los cubanos dentro y fuera del país. Es especialmente relevante su canción “Patria y vida”. “Patria y Vida” es un lema de protesta utilizado en las manifestaciones de Cuba de julio de 2021. La frase está inspirada en una canción homónima y consiste en una modificación del lema del gobierno cubano “patria o muerte”

Sin embargo, estos artistas cubanos a menudo han sido omitidos en ciertas antologías, ignorados por “varios críticos extranjeros (y casi la totalidad de críticos cubanos de la isla), así como por cierta cultura oficial del exilio cubano, una fracción de la cual ha mirado siempre con reserva –acaso con temor– a este grupo clasificado de escoria por el régimen cubano en 1980” (de la Nuez, 1998: 106).


 Poemas de un refugiado cubano que añora ver su patria libre

Uno de esos refugiados fue Fausto Francisco Placeres, oriundo de Pinar del Río, quien, por su desacuerdo con el sistema político de Cuba, emigró por el Mariel hasta San Francisco. Una vez en Estados Unidos, decidió escribir sobre el dolor y la nostalgia que le provocó el tener que marcharse de Cuba, su patria.

Su poesía ha sido recogida y publicada en Nostalgia cubana: poemas de un refugiado que añora ver su patria libre (2021), poemario en el que Placeres desnuda su alma y nos muestra, de manera melancólica y desgarradora, el vínculo tan fuerte que tenía con Cuba y el dolor tras su partida.

El poema que os presentamos a continuación se titula Nostalgia cubana y sintetiza a la perfección los principales temas de la obra de Placeres: las dificultades del exilio, el vínculo que le une a Cuba, nostalgia por las actividades cotidianas, anhelo por la patria que ha dejado atrás y el deseo de que Cuba, por fin, sea libre.

“Nostalgia cubana” de Fausto F. Placeres

Pinar del Río,

quisiera hoy en tus calles caminar

y una canción tararear

al son de Guantanamera,

bajo de alguna palmera

ver el monte que se mece

y ver el sol que aparece

eso es lo que más quisiera.

 

Poder andar por los sitios

que mis ropas empolvar

que mis recuerdos guardaron

cuando yo me fui al exilio,

poder bañarme en un río,

tirarles piedras a los mangos

poder llenarme de fango

con esos amigos míos.

 

Qué nostalgia carga un hombre

cuando su patria abandona

recuerdas el sol que asoma

y sale del horizonte,

sol tú vienes de mi Cuba

dime qué vistes allí

has dejado por detrás el llanto.


Comentario del poema

El uso del subjuntivo, en concreto el pretérito imperfecto, nos indica un propósito de conseguir algo que, en el caso de Placeres, no es posible en el presente de la enunciación. Se ha separado de su patria y la extraña. Estos versos se impregnan de una profunda añoranza a través de la enumeración de unos elementos plenamente sensoriales (caminar, tararear, viento, sol, río…), que construye una imagen idílica de ese Pinar del Río, su ciudad natal, que extraña.

Efectivamente, los elementos que va mencionando a lo largo del poema son muy característicos de Cuba; especialmente, cuando habla del sol y del son.  Cuando nos imaginamos la isla, la imaginamos soleada, con palmeras que se mueven suavemente por el viento. Describe elementos típicos del paisaje cubano, lo que no hace sino patente cuánto extraña ese paisaje. Asimismo, lo vemos con la mención a la Guantanamera, que es una canción por la libertad y la justicia social.  Nos vamos a detener aquí porque creemos que es muy importante y aborda uno de los conceptos trabajados a lo largo de las sesiones: la intertextualidad.

“Guantanamera” viene de Guantánamo, una ciudad al sudeste de Cuba que es mayormente conocida por el Centro de detención de Guantánamo de los EE. UU. Con todo, antes de este “pacto” se trataba de una tierra humilde de campesinos; de ahí el “guajira guantanamera”. La canción surge en un contexto bastante agitado, algunos dicen que gracias a José Martí, el fundador del Partido Revolucionario Cubano y organizador de la guerra de independencia de Cuba, quien además de ser un político activo formó parte del movimiento literario del modernismo debido a sus otras vertientes intelectuales como filósofo, escritor, periodista y poeta.

En cualquier caso, la mención no es azarosa, como todo en poesía. La “Guantanamera”, si lo recordamos, habla de un hombre sencillo que antes de morir quiere expresar lo que para él es más importante: el sufrimiento profundo por la esclavitud de los seres humanos. Efectivamente, es la situación de nuestro poeta.

En la segunda estrofa recurre a una anáfora: poder andar; poder bañarme; poder llenarme. La anáfora, en este caso, se utiliza para ejemplificar la añoranza. Enfatiza el deseo que siente por hacer las cosas cotidianas que solía hacer en Cuba. Del mismo modo sucede con las estructuras paralelísticas: que mis ropas; que mis recuerdos. Son estructuras enfáticas.

Hasta ahora, Placeres ha sido bastante sutil: simplemente, menciona aspectos que extraña de su patria. Con todo, los últimos versos son climáticos en la expresión del mensaje: se trata de un exiliado, un refugiado en otro país que ha abandonado su patria por obligación y la extraña profundamente.


Este poema no solo ejemplifica la nostalgia que siente el poeta al encontrarse en el exilio y su situación de subalternidad, sino la conexión que todavía siente por Cuba. Lo vemos tanto en la idealización general de los elementos enumerados, como en los versos finales: “dime qué vistes allí; has dejado por detrás el llanto”. Consideramos que estos dos versos, en los que apela al sol, que une su tierra natal con su tierra adoptiva, denotan una esperanza por regresar, en la medida en que, si ya no hay llanto, la situación en su país ha mejorado y, por consiguiente, puede regresar.


Al país de Ningún Sitio, a la ciudad Nadie en la orilla del río Nunca

"Nadie en su sano juicio elige arriesgar su vida embarcándose hacia lo desconocido en un viaje plagado de peligros"

Marianne Gasser, jefa de la delegación del CICR en Damasco, Siria

Un poco de contexto…

La ciudad que en España conocemos como Leópolis tiene un pasado convulso de disputas y múltiples cambios de fronteras, además de haber sido el escenario de varias batallas. Hay quien dice que Leópolis es la ciudad de los mil nombres: Leopolis (latín), Lemberg (alemán), Lemberik (yídis), Lwów (polaco), Lvov (ruso), Lviv (ucraniano). Esta pequeña ciudad se fundó en el siglo XIII, como capital de Galitizia. Desde entonces, ha sido una ciudad rutena, polaca, austriaca, soviética, alemana, ucraniana. Actualmente pertenece a Ucrania y, de hecho, fue nombrada capital cultural ucraniana en el año 2009.

En 1945, Leópolis era una de las ciudades más importantes de la Polonia libre, y es en este contexto en el que nace nuestro poeta, Adam Zagajewski. Sin embargo, en 1946, Leópolis pasa a formar parte de la Unión Soviética, por lo que la familia de Adam, al igual que muchas otras familias polacas, se ve obligada a abandonar la ciudad. Esta familia emigra, concretamente, a Silesia, provincia que antiguamente había sido alemana y que, tras la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en polaca.



Adam Zagajewski comenzó a escribir en torno a los años 60. Creía que la poesía debía ser una muestra de rebeldía a la par que un mecanismo mediante el que luchar contra la tiranía. Nuestro autor pertenece a la Generación del 68, también conocida como la Generación de la Nueva Ola, que se caracteriza por una poesía comprometida políticamente. Al cabo de casi dos décadas, en los años 80, se exilió de Polonia: emigró a París y, posteriormente, a Estados Unidos. Finalmente, en el año 2002, se trasladó a Cracovia, donde vivió hasta el día de su muerte.

En cuanto a su recorrido literario, una vez que emigró, Zagajewski comenzó a pensar que, quizás, la celebración y el agradecimiento tenían mucha más cabida en la poesía que la protesta y la rebeldía. Sus temas principales son el amor, el paso del tiempo, la muerte, la soledad y la memoria. A diferencia de esos autores que conciben la poesía como un trabalenguas conceptual, Zagajewski es un poeta sensible que inspira sus obras en los temas y en las imágenes más comunes de la vida de los seres humanos.

En el fondo, nuestro autor es hijo de las consecuencias de la postguerra y de los acuerdos posteriores que determinaron las nuevas fronteras surgidas a raíz de la contienda. Su infancia estuvo marcada por las atrocidades que se cometieron durante la Segunda Guerra Mundial; creció y pasó su adolescencia en la Polonia comunista, donde toda disidencia estaba prohibida. Su obra refleja esta experiencia vital.

Murió a la edad de 75 años, el 21 de marzo de 2021. Su muerte coincidió con el Día Mundial de la Poesía; el Día Mundial de la Poesía conmemora una de las formas más puras y antiguas de expresión artística. Aquel 21 de marzo de 2021, se conmemoró también la vida de Adam Zagajewski: su muerte dejó un vacío importante en el ámbito de la poesía del exilio y en el mundo de la poesía en general.

Tierra de fuego (2004)

Su poemario Tierra de Fuego (2004) lo convierte en una de las voces más importantes del panorama nacional. Dentro de este poemario nos encontramos con el poema “Refugiados”, poema pausado, melancólico y que nos descubre la realidad de las personas refugiadas. El texto es doloroso a la par que sublime.

Es, además, un poema atemporal: publicado en el 2004, tiene vigencia hoy en día. Las personas de las que habla Adam Zagajewski tienen hoy el rostro de millones de ucranianos y palestinos que arriesgan todo lo que tienen en busca de una vida incierta. 


 Refugiados, de Adam Zagajewski

Encorvados por una carga  

Que a veces es visible, otras no,

Avanzan por el barro, o arena del desierto,

Inclinados, hambrientos,

hombres taciturnos con gruesos caftanes,

vestidos para las cuatro estaciones,

ancianas con caras llenas de arrugas

llevando algo, que puede ser un bebé, una lámpara

(familiar), o quizá la última hogaza.

Esto puede ser Bosnia, hoy,

Polonia en septiembre del 39, Francia

(ocho meses después), Turingia en el 45,

Somalia, Afganistán, Egipto.

Siempre hay un carro, o como mínimo un carretón

Repleto de tesoros (colchas, tazas de plata,

y el aroma de casa que se evapora rápidamente),

un coche sin gasolina, abandonado en la cuneta,

un caballo (será traicionado), nieve, mucha nieve,

demasiada nieve, demasiado sol, demasiada lluvia,

y esta inclinación tan característica,

como hacia otro planeta mejor, un planeta

que tiene generales con menos ambición,

menos cañones, menos nieve, menos viento,

menos Historia (este planeta, por desgracia,

no existe, solo existe la inclinación).

Arrastrando las piernas

van despacio, muy despacio

al país de Ningún Sitio,

a la ciudad Nadie

en la orilla del río Nunca.


Comentario del poema

Detrás de la aparente sencillez de este texto, se encuentra un poema cargado de metáforas e imágenes que no hacen sino mostrarnos la dureza de la realidad de las personas que se ven obligadas a abandonar su Patria por razones políticas o bélicas.

La primera estrofa del poema nos presenta a los protagonistas y su situación: personas que, hambrientas y cansadas, caminan con esfuerzo. En este sentido, nos encontramos con una metáfora: “Una carga que a veces es visible, otras no”. Lo visible es el equipaje que transportan los refugiados, lo que nos muestran las fotografías de los informativos, lo explícito. Lo que no se ve, lo invisible, son las preocupaciones, las emociones, los sentimientos… de las personas que abandonan su patria. Esta carga, normalmente, es mucho más pesada que la que sí se ve.

En la segunda estrofa, el poeta profundiza en las personas que realizan este peregrinaje, enumerándolos: los refugiados son hombres, ancianas, bebés… los refugiados pueden tomar el rostro de cualquier persona.

Observamos que varios refugiados son “hombres taciturnos con gruesos caftanes, vestidos para las cuatro estaciones”. El caftán hace referencia al origen de esos hombres y “las cuatro estaciones”, al paso del tiempo. Efectivamente, están preparados para todo tipo de climatología porque desconocen cuánto tiempo van a pasar en esa situación.

Siguiendo con esta estrofa, observamos una comparación entre el bebé, una lámpara familiar (un objeto de su antigua vida) y una hogaza de pan. Esta comparación tan cruda subraya que, en esta situación, para algunas personas o en algunas situaciones límite una vida humana puede ser tan valiosa como una hogaza de pan. Además, compara también el valor de la vida humana con los recuerdos de su antigua vida (la lámpara). Muchas personas, a la hora de emigrar, se aferran a estos recuerdos como si fueran su mayor tesoro, pues es lo único que se llevan de su patria.

La tercera estrofa empieza con otra enumeración: varios países (y de distintos continentes) cuyos ciudadanos se han visto obligados, en un momento u otro, a abandonar su tierra natal por motivos políticos o bélicos. Dentro de esta enumeración, el poeta menciona “Polonia en septiembre del 39”, un hecho histórico que vivió la familia de nuestro autor. Con esta enumeración queda patente que, a lo largo de la Historia, siempre ha habido (y habrá) refugiados. Efectivamente, insiste en la idea de que todos podemos sufrir esta situación límite sin importar momento o el lugar.

Si en la segunda estrofa se realizaba una descripción de los refugiados, en esta cuarta estrofa, y partiendo de una enumeración, se habla de cómo es ese exilio, de los tesoros que se llevan consigo los refugiados. Llama poderosamente la atención que los tesoros no sean joyas ni oro, sino recuerdos de la vida que van a dejar atrás. También averiguamos que la mayor parte del camino es a pie: cuando el coche se queda sin gasolina, lo abandonan; cuando el hambre arrecia no queda más remedio que comerse al caballo: “un caballo (será traicionado)”. La enumeración de los versos cinco y seis sobre el clima hace referencia, una vez más, al paso del tiempo. Las estaciones, al igual que los meses, se van sucediendo, mientras los refugiados tratan de llegar a alguna parte.

En la última estrofa, el poeta retoma la imagen de esos refugiados que caminan cansados, encorvados, arrastrando los pies. Ese final, “al país de Ningún Sitio, a la ciudad Nadie en la orilla del río Nunca” refleja la vida del refugiado: nunca saben muy bien cuál es su destino final ni cuánto tardarán en llegar a él. Caminan sin rumbo, tratando de volver a encontrar su lugar en el mundo después de haber sido obligados a dejar atrás su tierra, su patria. En esta última estrofa también ejemplifica el concepto no-lugar: en ese camino que los refugiados hacen por encontrar su sitio en el mundo pasan por múltiples ciudades, atraviesan varios ríos, recorren distintos países… la identidad del individuo refugiado se difumina

En definitiva, Adam Zagajewski construye un poema en el que podemos observar como los refugiados se ven obligados a encontrar un lugar provisional, nunca del todo cierto ni seguro, para poder habitar y transitar como si fueran nómadas y como, a pesar de verse obligado a huir de sus países, todavía sienten un profundo amor por su patria y cargan con ellos objetos con los que evocar sus hogares.