Un tema de actualidad es la persona refugiada que va a un país de acogida por algunos motivos. Estos, de forma resumida, pueden ser políticos o económicos. Según la causa podemos definir el tipo de desplazamiento que ejerce la persona.
A medida que continuamos con la lectura de Alted, con total acierto afirma que el exiliado se expatria para escapar de una persecución por quien ejerce el poder, debido a sus opiniones o actividades política o religiosas. Además, el retorno al país de origen implica graves riesgos personales o simplemente no puede volver porque está en juego su propia vida. Así, entendemos el exilio como un movimiento migratorio obligado siendo la consecuencia principal una causa política.
Por otro lado, siguiendo autores clásicos como Joaquín Arango quien a lo largo de sus publicaciones hace un estudio de la evolución del concepto de migración llega a la conclusión de poder diferenciar factores negativos y positivos:
La distancia. Es un factor negativo basándose en otros autores como Georges K. Zipf defiende que la migración es proporcional a la población, pero no a la distancia. Tiene sus propios subapartados como los obstáculos físicos o fronterizos.
Las decisiones del emigrante son subjetivas. Hay que tener en cuenta sus percepciones de ventaja y desventaja a lo que se espera encontrar en su lugar de destino. Un factor que sigue defendiéndose desde la Teoría Neoclásica.
Factores culturales y psicológicos.
Otro, la regionalidad de las migraciones. Un emigrante acudirá a aquel centro de atracción, normalmente más desarrollado, que sea más accesible y que no tenga que tener la distancia, ya no por los factores físicos sino en mayor parte por su coste.